Prevenir el ruido para cuidar la salud

El ruido es un factor que aunque muchas veces no lo tengamos en cuenta, tal vez por su baja incidencia, es determinante a la hora de considerar la prevención de la contaminación acústica, ya que esta nos puede traer graves problemas.

El exceso de sonido altera las condiciones normales de un ambiente en un determinado lugar, es decir, es un sonido que afecta de alguna manera a la calidad de vida de las personas.

¿Cuáles son las fuentes principales de ruido?

Los expertos y estudios recientes han determinado que debemos tener una noción sobre la métrica del ruido y sobre cómo debemos de afrontarlo.

En la vida cotidiana estamos rodeados de ruidos como por ejemplo obras de construcción, transporte, peatones, claxon, gente gritando, ruidos mecánicos y un sinfín de otros estímulos dañinos.

Consecuencias fisiológicas ante la exposición al ruido

La exposición al ruido puede aumentar el riesgo de padecer hipertensión arterial (HTA), trastornos auditivos como pérdida del habla o alteraciones en las tareas cotidianas. Así mismo, puede traer pérdida de audición, parcial o total, especialmente si hay exposición a niveles mayores de 70 dB y de manera prolongada, por un rango de 8 horas diarias o más, lo que a largo plazo podría traer problemas de sordera.

Otra de las consecuencias es la hipoacusia, que no es ni más ni menos que la disminución en la capacidad de escuchar los sonidos por debajo del índice normal, puede ser de forma reversible o asentarse esta problemática para toda la vida.

Dependerá de la manera en que se manifieste el problema y de la exposición que haya habido. En casos como este, donde se pueda revertir el fenómeno es probable que no se manifiesten problemas del habla o la comunicación, pero si la exposición fuera de forma constante es posible que sí haya consecuencias más graves como trastornos en la comunicación, si es que estas lesiones se extienden en las células sensoriales.

Consecuencias anímicas ante la exposición al ruido

El ruido en exceso no solamente puede afectar de manera fisiológica a nuestro organismo, también puede aumentar el nivel de irritabilidad  o de estrés. Esto ocurre ante sonidos de 80 o 90 dB, lo que también puede influir en las actividades mentales como la manera de concentrarse con sonidos superiores a 70 dB. Por eso es muy importante mantener un control sobre la cantidad de sonido y de ruido que nos llega en nuestro ambiente de trabajo, en nuestra casa o en la calle.

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